La revolución marginalista: el nacimiento de la economía moderna

Cómo la atención al valor marginal y a las decisiones individuales reordenó la teoría económica de finales del siglo XIX.

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Imagen: Jonathan Borba / Pexels.

La revolución marginalista designa el cambio intelectual que, durante la década de 1870, situó en el centro del análisis económico las decisiones tomadas en el margen: no cuánto valor tiene un bien considerado en bloque, sino qué importancia posee una unidad adicional dadas la escasez disponible y las necesidades de quien decide. Carl Menger, William Stanley Jevons y Léon Walras llegaron de manera independiente a formulaciones distintas de esta intuición. Su trabajo no creó de la nada la economía moderna ni borró de un golpe la tradición clásica, pero modificó de forma duradera la teoría del valor, el estudio del intercambio y, con el tiempo, la manera de representar los mercados.

«El valor de los bienes se basa en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los propios bienes.»
— Carl Menger, Principios de Economía (1871).

Una ruptura que no surgió de la nada

Hablar de “revolución” puede dar la impresión de que antes de 1870 los economistas pensaban todos del mismo modo y que tres autores sustituyeron de pronto una teoría antigua por otra completamente nueva. La historia fue más gradual. Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill habían desarrollado explicaciones complejas sobre precios, costes, distribución y crecimiento, y no es correcto reducir toda la economía clásica a una versión simple de la teoría del valor-trabajo. Además, antes de Menger, Jevons y Walras existían antecedentes importantes: Hermann Heinrich Gossen había formulado ideas próximas a la utilidad marginal en 1854; Jules Dupuit había estudiado la utilidad y la demanda; y Antoine Augustin Cournot había introducido herramientas matemáticas en el análisis económico.

Lo novedoso de la década de 1870 fue la convergencia de tres programas que hicieron del razonamiento marginal una pieza central. Jevons publicó The Theory of Political Economy en 1871 en Inglaterra; Menger publicó ese mismo año sus Grundsätze der Volkswirtschaftslehre en Viena; y Walras comenzó a publicar sus Éléments d’économie politique pure en 1874 desde Lausana. No trabajaban como un grupo coordinado y sus métodos diferían mucho. Sin embargo, los tres ayudaron a desplazar la pregunta desde “¿qué determina el valor de un bien?” hacia otra más concreta: “¿qué importancia tiene una unidad adicional de ese bien en las circunstancias en las que se encuentra quien decide?”.

El problema del valor: agua, diamantes y última unidad

La conocida paradoja del agua y los diamantes permite entender por qué este cambio fue tan importante. El agua es indispensable para la vida y, pese a ello, normalmente tiene un precio muy inferior al de los diamantes. Si el valor dependiera exclusivamente de la utilidad total de un bien, resultaría difícil explicar esa diferencia. El marginalismo resolvió el problema distinguiendo entre la utilidad total que proporciona un bien y la utilidad de una unidad adicional disponible.

Una persona que dispone de abundante agua destina las primeras unidades a necesidades esenciales —beber, cocinar o asearse— y las siguientes a usos progresivamente menos urgentes. Cuando valora un litro adicional, no compara ese litro con toda la importancia del agua para la vida, sino con la necesidad menos urgente que todavía podría satisfacer con él. Los diamantes, en cambio, son mucho más escasos. Su utilidad total para la supervivencia puede ser pequeña, pero la escasez hace que la unidad marginal disponible conserve una valoración elevada para quienes desean poseerla. El cambio decisivo consiste en comprender que las decisiones económicas se realizan sobre cantidades concretas y alternativas concretas.

Esta lógica no implica que los costes de producción dejen de importar. Jevons, por ejemplo, explicó que el trabajo influye sobre la oferta y que la oferta modifica la utilidad de la última unidad, que a su vez influye sobre el valor. La revolución marginalista no consistió simplemente en sustituir “trabajo” por “utilidad”, sino en construir un mecanismo más general capaz de conectar escasez, preferencias, cantidades disponibles y decisiones de intercambio.

Tres autores, tres caminos

Carl Menger desarrolló el marginalismo mediante un análisis verbal y causal. Para él, los bienes adquieren valor porque las personas saben que la satisfacción de determinadas necesidades depende de disponer de ellos. La valoración es subjetiva porque no reside físicamente en el objeto: surge de la relación entre una persona, sus fines y la cantidad de bienes de que dispone. Menger tampoco necesitó imaginar unidades cuantificables de placer; ordenó las necesidades según su importancia y mostró cómo las unidades disponibles se asignan primero a los usos más urgentes. Este enfoque se convertiría en el punto de partida de la Escuela Austriaca.

William Stanley Jevons siguió un camino más matemático. Llamó “grado final de utilidad” a la utilidad asociada a la última pequeña cantidad consumida y trató de expresar mediante funciones cómo esa utilidad disminuye a medida que aumenta la cantidad disponible. Su objetivo era reconstruir la teoría del intercambio a partir de la elección entre usos alternativos. El valor dejaba así de explicarse mediante magnitudes agregadas y pasaba a depender de variaciones en el margen.

Léon Walras compartió la atención a la utilidad y la escasez, pero su proyecto era más ambicioso: quería mostrar cómo los precios de muchos mercados podían determinarse simultáneamente. Su teoría del equilibrio general convirtió la interdependencia en el problema central. El precio de un bien no podía entenderse de forma aislada, porque dependía de rentas, precios de otros bienes, costes, preferencias y disponibilidades que también se ajustaban. Walras utilizó sistemas de ecuaciones para representar esas relaciones y abrió una línea de investigación que sería desarrollada posteriormente por Pareto, Hicks, Arrow y Debreu.

AutorObra de referenciaAportación centralRasgo distintivo
Carl MengerPrincipios de Economía (1871)Valor subjetivo y asignación de unidades a necesidades ordenadasAnálisis causal y verbal
William Stanley JevonsThe Theory of Political Economy (1871)Grado final de utilidad y elección en el margenFormalización matemática
Léon WalrasÉléments d’économie politique pure (1874-1877)Utilidad, intercambio y equilibrio generalInterdependencia de mercados

De la utilidad total al razonamiento marginal

La palabra “marginal” puede resultar engañosa porque en el lenguaje ordinario suele significar secundario o poco importante. En economía significa algo diferente: se refiere al efecto de una pequeña variación adicional. El coste marginal es el coste de producir una unidad más; el ingreso marginal, el ingreso asociado a una unidad adicional; la productividad marginal, el producto generado por una unidad adicional de un factor. La utilidad marginal aplica el mismo razonamiento al beneficio o satisfacción asociado a una unidad adicional de consumo.

«El valor depende enteramente de la utilidad.»
— William Stanley Jevons, The Theory of Political Economy (1871), traducción de estudio.

La afirmación de Jevons debe leerse dentro de esta lógica. La utilidad relevante no era una propiedad fija del objeto, sino una magnitud que variaba con la cantidad disponible. Si aumenta mucho la oferta de un bien, las unidades adicionales se destinan a necesidades menos urgentes y su utilidad marginal desciende. Si el bien se vuelve escaso, la unidad disponible puede pasar a satisfacer una necesidad más importante y su valoración aumenta.

Este razonamiento proporcionó un lenguaje común para analizar decisiones muy diferentes. Un consumidor distribuye su presupuesto comparando qué obtiene de gastar una unidad monetaria adicional en distintos bienes; una empresa compara el rendimiento de emplear una unidad adicional de trabajo o capital; y un productor decide cuánto fabricar atendiendo a lo que cambia cuando aumenta ligeramente la producción. La importancia histórica del marginalismo reside precisamente en haber convertido esta comparación incremental en una herramienta general de la teoría económica.

Del valor al precio y la asignación de recursos

La utilidad marginal no basta por sí sola para explicar todos los precios reales. Los mercados incorporan restricciones tecnológicas, costes, estructuras de competencia, instituciones, expectativas y distribución de la renta. Sin embargo, el marginalismo modificó la forma de pensar la relación entre consumidores y productores. El precio empezó a entenderse cada vez más como el resultado de la interacción entre valoraciones, escasez y condiciones de oferta, en vez de como una simple traducción monetaria del trabajo incorporado en los bienes.

Alfred Marshall contribuiría posteriormente a integrar la tradición de los costes con el análisis marginal de la demanda. Su conocida metáfora de las dos hojas de unas tijeras expresaba que no tenía sentido explicar un precio exclusivamente por la oferta o exclusivamente por la demanda. La economía neoclásica desarrollaría esa síntesis mediante curvas de oferta y demanda, teoría de la empresa, elección del consumidor y productividad marginal.

Conviene por ello evitar una narración según la cual la economía clásica desapareció y fue reemplazada sin más por la marginalista. Muchos problemas clásicos —crecimiento, distribución, acumulación y estructura social— continuaron siendo relevantes, mientras que los marginalistas aportaron herramientas especialmente poderosas para estudiar elección, intercambio y asignación. La economía posterior heredó elementos de ambas tradiciones, aunque la terminología marginal terminó convirtiéndose en parte del lenguaje básico de la disciplina.

Lo que cambió y lo que permaneció abierto

La revolución marginalista transformó la teoría del valor, pero no resolvió todos los problemas económicos. Jevons confiaba en una economía más matemática; Menger desconfiaba de reducir el análisis a ecuaciones y enfatizaba las relaciones causales; Walras imaginaba un sistema de equilibrio general que plantearía después problemas de existencia, unicidad y estabilidad. Incluso la propia idea de utilidad sería reformulada: la teoría económica del siglo XX se alejaría progresivamente de la pretensión de medir intensidades psicológicas y trabajaría con preferencias ordenadas y elecciones observables.

También se ha discutido hasta qué punto la expresión “revolución marginalista” exagera la ruptura. Los antecedentes anteriores a 1870 muestran que varias intuiciones estaban ya presentes, y la recepción de los nuevos enfoques fue desigual. Lo importante no es imaginar una fecha exacta en la que la economía “se hizo moderna”, sino reconocer que durante esas décadas cambió el conjunto de preguntas, conceptos y métodos considerados centrales. A partir de entonces resultó cada vez más natural pensar que las personas eligen entre alternativas, que la escasez obliga a priorizar y que las decisiones dependen de lo que ocurre con la unidad adicional.

El legado de la revolución marginalista

La importancia de la revolución marginalista reside menos en una fórmula concreta que en una nueva manera de plantear los problemas económicos. Menger, Jevons y Walras mostraron, cada uno con su propio método, que para comprender el valor y el intercambio era necesario estudiar cómo reaccionan las personas ante cantidades limitadas, necesidades ordenadas y alternativas disponibles. El análisis dejó de concentrarse exclusivamente en magnitudes totales y comenzó a preguntar qué cambia cuando añadimos o retiramos una unidad.

Ese giro permitió construir teorías más precisas de la demanda, el intercambio y la asignación de recursos, y proporcionó buena parte del vocabulario que utilizarían posteriormente la microeconomía y la economía neoclásica. Su verdadero interés histórico aparece también en las diferencias entre sus protagonistas: Menger abrió una tradición centrada en la acción individual y los procesos causales; Jevons impulsó la matematización de la utilidad; y Walras construyó la primera gran arquitectura del equilibrio general. La revolución marginalista fue, por tanto, menos una doctrina única que un punto de convergencia desde el que surgieron varias líneas de la economía moderna.

📘 Para profundizar en cómo este cambio se desarrolló de manera distinta en cada autor, resulta especialmente útil continuar con Carl Menger y el valor subjetivo, William Stanley Jevons y la utilidad marginal, y Léon Walras y el equilibrio general. Comparar después estas propuestas con la teoría clásica del valor permite comprender mejor por qué el marginalismo transformó la economía sin eliminar por completo las preguntas planteadas por Smith, Ricardo y sus sucesores.

Fuentes y referencias

William Stanley Jevons, The Theory of Political Economy (1871), Library of Economics and Liberty.

Carl Menger, Principles of Economics (1871), fragmentos y traducciones disponibles en Mises Institute.

Carl Menger, biografía y contexto intelectual, Library of Economics and Liberty.

William Stanley Jevons, biografía y marginal revolution, Library of Economics and Liberty.

Léon Walras, biografía y teoría del equilibrio general, Library of Economics and Liberty.

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