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Alberto Contador: atacar para ganar

El ciclista que convirtió la montaña, la valentía y los ataques lejanos en una forma de entender las carreras

A rear view of a cyclist in a red jersey riding on a sunny outdoor road.
Fotografía: «John Maynard Keynes», Walter Stoneman, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0. Imagen recortada.

Alberto Contador fue uno de los grandes corredores por etapas de su generación, pero su popularidad no se explica únicamente por las victorias. El ciclista madrileño construyó una forma de competir basada en atacar cuando todavía quedaba mucho camino por recorrer, asumir riesgos y negarse a considerar una carrera terminada mientras existiera alguna posibilidad de cambiarla. Ganador oficial de siete Grandes Vueltas y uno de los pocos ciclistas que han conquistado Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España, su trayectoria permite entender una época del ciclismo marcada por grandes rivalidades, transformaciones tácticas y una progresiva tendencia al control de las carreras.

«El ciclismo es un deporte donde lo más importante es la victoria, pero también creo que el espectáculo es importante.»
— Alberto Contador, tras finalizar su última Vuelta a España, 2017.

Una carrera que pudo terminar antes de empezar

La historia deportiva de Contador adquiere una dimensión diferente cuando se recuerda lo ocurrido en 2004. Durante la Vuelta a Asturias sufrió convulsiones sobre la bicicleta y cayó violentamente. Tras nuevos episodios, los médicos detectaron un cavernoma cerebral que tuvo que ser extirpado mediante una compleja intervención quirúrgica. Durante un tiempo ni siquiera estaba claro que pudiera regresar al ciclismo profesional. Sin embargo, volvió a competir al año siguiente y retomó una trayectoria que todavía estaba prácticamente en sus comienzos.

Este episodio suele presentarse como una historia de superación, pero también ayuda a comprender algunos rasgos posteriores de su forma de correr. Contador desarrolló una actitud competitiva poco conservadora y una enorme disposición a asumir riesgos deportivos. No parecía especialmente interesado en proteger un segundo o tercer puesto cuando intuía que todavía existía una posibilidad, por pequeña que fuera, de ganar. Su ciclismo estaba construido alrededor de la idea de que una derrota intentando cambiar la carrera podía ser preferible a aceptar pasivamente un resultado.

Un corredor construido para las Grandes Vueltas

Contador reunía cualidades especialmente valiosas para competir durante tres semanas. Era un escalador explosivo, capaz de cambiar de ritmo repetidamente en las grandes ascensiones, pero al mismo tiempo poseía un rendimiento contrarreloj muy superior al habitual entre los escaladores puros. Esa combinación le permitía atacar en la montaña sin asumir necesariamente que perdería después todo el tiempo ganado en las etapas contra el reloj.

Su primer Tour de Francia llegó en 2007. Un año después consiguió algo todavía más significativo: ganó el Giro de Italia y la Vuelta a España de 2008, convirtiéndose con 25 años en el quinto corredor de la historia que había vencido en las tres Grandes Vueltas. Volvió a ganar el Tour en 2009 y posteriormente añadió otro Giro en 2015 y dos Vueltas más, en 2012 y 2014. Su palmarés oficial quedó así establecido en dos Tours, dos Giros y tres Vueltas, siete Grandes Vueltas en total.

Pero los números explican solo una parte de su importancia. En una carrera de tres semanas resulta fundamental saber administrar energías, calcular diferencias y esperar el momento adecuado. Contador poseía esas capacidades, aunque su mayor atractivo aparecía cuando decidía romper esa lógica y convertir una etapa aparentemente controlada en una carrera imprevisible.

Fuente Dé: el ataque que mejor resume a Contador

Pocas jornadas explican mejor su personalidad que la etapa de Fuente Dé en la Vuelta a España de 2012. Joaquim “Purito” Rodríguez parecía tener bien encaminada la clasificación general y las grandes ascensiones previstas para aquella jornada ya habían quedado atrás. Lo más razonable habría sido esperar a otra oportunidad.

Contador hizo exactamente lo contrario. Atacó en el Collado de la Hoz cuando todavía faltaban más de cincuenta kilómetros para la meta y aprovechó compañeros situados previamente en la escapada para prolongar el movimiento. La ofensiva sorprendió a sus rivales y terminó transformando completamente la clasificación general. La propia organización de La Vuelta recuerda aquella actuación como uno de los grandes momentos de la carrera en las últimas décadas.

Lo relevante de Fuente Dé no fue únicamente ganar tiempo. Fue demostrar que una Gran Vuelta también podía decidirse mediante imaginación táctica, en un lugar donde los rivales no esperaban que se produjera el ataque definitivo. Contador entendía la montaña no simplemente como el punto en el que había que medir quién poseía más fuerza, sino como un escenario en el que se podían crear situaciones imprevistas.

Atacar incluso cuando ganar parece imposible

Ese comportamiento apareció también cuando ya no tenía opciones claras de victoria. Durante el Tour de Francia de 2011, después de perder tiempo importante en el Galibier, decidió atacar prácticamente desde el comienzo de la gran jornada alpina que terminaría en Alpe d’Huez. Él mismo explicó posteriormente que había tomado la decisión poco después de finalizar la etapa anterior: si quería alterar la carrera, tenía que intentar romperla desde lejos.

Este tipo de acciones explica buena parte de la conexión que desarrolló con los aficionados. Contador no siempre consiguió transformar sus ofensivas en victorias, pero introducía incertidumbre en situaciones que parecían tácticamente cerradas. Su ciclismo se enfrentaba de alguna manera a una tendencia creciente del pelotón moderno: equipos extremadamente organizados capaces de controlar las montañas mediante ritmos constantes, datos de potencia y numerosos gregarios.

Años después llegó incluso a criticar el uso competitivo de los potenciómetros porque, en su opinión, podían limitar la disposición de un corredor a atacar cuando sus sensaciones le indicaban que debía hacerlo. El dato podía aconsejar prudencia precisamente en el momento en que el instinto sugería probar suerte.

Una trayectoria que también tuvo controversias

Un relato riguroso sobre Alberto Contador debe incluir el episodio que modificó su palmarés. Durante el Tour de Francia de 2010 dio positivo por una pequeña cantidad de clembuterol. Contador sostuvo que la sustancia procedía de carne contaminada, pero el Tribunal de Arbitraje Deportivo concluyó en 2012 que se había producido una infracción de las normas antidopaje y le impuso una sanción de dos años. Como consecuencia, perdió oficialmente la victoria del Tour de 2010 y sus resultados posteriores dentro del periodo afectado, incluido el Giro de 2011.

Este episodio forma parte inseparable de su trayectoria y explica por qué sus siete Grandes Vueltas oficiales no coinciden con todos los triunfos que consiguió inicialmente sobre la carretera. Después de cumplir la sanción regresó a la competición y, pocos meses más tarde, conquistó aquella Vuelta de 2012 marcada por su ataque de Fuente Dé. Dos años después volvió a imponerse en la ronda española y en 2015 ganó nuevamente el Giro.

El Angliru y una despedida hecha a su medida

La última carrera profesional de Contador fue la Vuelta a España de 2017. Ya no era el corredor dominante de sus mejores temporadas y terminó lejos de la victoria final, pero conservó su manera de competir. Atacó repetidamente durante la carrera y consiguió despedirse ganando en solitario en el Alto de l’Angliru, una de las ascensiones más emblemáticas y exigentes del ciclismo español.

La victoria tenía un significado especial porque cerraba su trayectoria de la misma manera en que había construido gran parte de ella: atacando en la montaña. Al día siguiente llegó a Madrid y confirmó que era el momento de terminar. La organización de La Vuelta había destacado precisamente la generosidad deportiva que había caracterizado su carrera y su permanente disposición a buscar el espectáculo.

Por qué Alberto Contador sigue siendo importante

Contador pertenece a una generación excepcional de corredores de Grandes Vueltas, pero su legado resulta especialmente reconocible por una cuestión de estilo. No convirtió el ciclismo únicamente en un ejercicio de administración de fuerzas, sino en una competición donde todavía podía intervenir la imaginación. Sus ataques podían fracasar, obligarle a gastar energías o incluso beneficiar indirectamente a sus rivales, pero tenían la capacidad de modificar carreras que parecían resueltas.

Su trayectoria también resume algunas de las contradicciones del ciclismo de comienzos del siglo XXI: grandes victorias, rivalidades extraordinarias, una evolución tecnológica cada vez mayor, el peso del dopaje y la búsqueda constante de una nueva credibilidad para el deporte. Ignorar cualquiera de esas dimensiones produciría una imagen incompleta de su carrera.

Sin embargo, cuando se recuerda a Contador sobre la bicicleta, una imagen termina imponiéndose: un corredor levantándose del sillín y acelerando cuando todavía quedaban muchos kilómetros para la meta. Su principal legado deportivo no está únicamente en haber ganado siete Grandes Vueltas, sino en haber defendido una idea del ciclismo en la que atacar también era una forma de competir, de arriesgar y de ofrecer espectáculo.

📘 Para profundizar en sus Tours, Giros y Vueltas, la histórica etapa de Fuente Dé, sus duelos con Andy Schleck y Chris Froome, su técnica como escalador, la sanción por clembuterol y su despedida en el Angliru, consulta la guía completa sobre Alberto Contador.

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